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Las compañías musicales independientes piden acabar con el Value Gap

Esta semana, más de 1000 artistas han escrito al Presidente de la CE Jean-Claude Juncker pidiéndole acabar con lo que se conoce como la brecha de valor o “value gap”. Pocos días antes, 180 músicos pidieron a través de un anuncio la reforma de la Digital Millennium Copyright Act, que regula los derechos de autor en línea en Estados Unidos, como ya habían reclamado ante el Congreso a finales de marzo.

Y no sólo los artistas se están manifestando abiertamente sobre YouTube y otras plataformas que extraen injustamente valor de la creación musical. En Europa, organizaciones de compañías musicales independientes como UFi e IMPALA llevamos tiempo trabajando para que las plataformas de contenidos generados por usuarios no se escuden en las disposiciones de puerto seguro existentes en la Directiva de comercio electrónico 2000/31/CE para proveedores de servicios neutrales y pasivos de alojamiento o “hosting” y no puedan acogerse a las excepciones al derecho de autor que la ley prevé para éstos.

Plataformas como YouTube abusan del puerto seguro o “safe harbour”, lavándose las manos sobre cualquier responsabilidad en la violación de derechos de autor por las acciones de sus usuarios. Aunque en los últimos tiempos han trabajado para ofrecer herramientas para paliar esta situación, como el Content ID, éstas resultan insuficientes en la práctica, además de que el peso de hacer el seguimiento continuo para identificar los usos de las obras y gestionar las acciones que se realizan sobre ellos (bloquear, silenciar, monetizar) recae sobre los titulares, a diferencia de lo que sucede con otros servicios de streaming como Spotify, Apple Music o Deezer, que requieren de una licencia o autorización previa de los propietarios de las canciones para poder ponerlas a disposición del público.

En la práctica, esto le da una ventaja competitiva y de negociación a Google, propietario de YouTube, que estos otros servicios de streaming no tienen. Además de pagar mucho menos por “play” que el resto, su oferta gratuita e ilimitada hace que sea más difícil convencer a los consumidores para que se registren en los servicios de suscripción de música. El “value gap” socava los derechos y los ingresos de aquellos que crean e invierten en música, y distorsiona el mercado.

La forma más eficaz para hacer frente a la brecha de valor es a través de una solución legislativa que clarifique el régimen de derecho de autor. Como explican los 58 europarlamentarios firmantes de esta carta enviada a la Comisión Europea la semana pasada, la próxima reforma del copyright debe dejar claro que las exenciones de responsabilidad sólo pueden aplicarse a los proveedores de servicios en línea realmente neutros y pasivos, y no a los servicios que desempeñan un papel activo en la distribución, la promoción y monetización de contenido a expensas de los creadores.

Estamos en un momento crucial en el que se puede decidir el futuro de la música y debemos garantizar un terreno de juego óptimo y justo para los creadores. Esta situación no perjudica únicamente a los actuales artistas y autores. Amenaza también la supervivencia de la siguiente generación, y la viabilidad y diversidad de su trabajo. A este respecto Helen Smith, Directora Ejecutiva de IMPALA, organización que representa los intereses de las compañías musicales independientes europeas, ha manifestado: “Esperamos que Europa tome la iniciativa. La brecha de valor le está costando millones [a los creadores] y es imprescindible que se aborde para garantizar un reparto apropiado a lo largo de la cadena de valor.”

Con la Declaración de acuerdos digitales justos el sector discográfico independiente se comprometió hace ya un par de años a compartir ese valor que se devenga del consumo de música en streaming de una forma justa con sus artistas, y actualmente estamos trabajando para ampliar el alcance de estos compromisos, en términos de adhesión, transparencia y alineación de intereses con los artistas. De la misma forma, debemos exigir que las plataformas digitales sean transparentes, jueguen limpio, y paguen de forma equitativa a los creadores de los contenidos de los que se nutren.

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